David Antonio y José Isaías. ¿Dónde están?

Hace un año, David e Isaías, estudiantes costarricenses de aviación, fueron secuestrados en Culiacán. Sus familias, enfrentando indiferencia institucional, marchan y buscan justicia, simbolizando la lucha contra la impunidad, la crisis de desapariciones forzadas y la revictimización en Sinaloa.

Culiacán

El pasado 31 de marzo se cumplió un año del secuestro de David Antonio y José Isaías, hombres costarricenses estudiantes de aviación, de 19 y 23 años, desaparecidos por un grupo armado cuando iban llegando a su escuela en Culiacán, Sinaloa.

Durante el aniversario de este terrible suceso, los padres de ambos jóvenes realizaron una marcha pacífica acompañados de otros familiares de víctimas y colectivos. Llegaron a la Fiscalía y se encontraron aún con el nulo avance en la localización de sus hijos.

Familiares denuncian que han padecido deficiencias en la atención recibida por las autoridades locales. Comentan lentitud en el proceso de búsqueda y pocos avances en las investigaciones. Ante las circunstancias, ambas partes han tenido que verse envueltas en dinámicas de rastreo y recopilación de pruebas para dar con el paradero, aún desconocido, de los estudiantes.

El acercamiento con colectivos de búsqueda de personas desaparecidas ha llevado a los padres de estos jóvenes a reflexionar sobre la crisis de violencia que azota Culiacán y sus sindicaturas. «No te das cuenta de la realidad hasta que te sucede a ti y a tus hijos», expresa el padre de David.

Fotografía: Josselyne Sánchez

Tras el alarmante crecimiento de desapariciones en el país, específicamente en el estado de Sinaloa, donde se han registrado más de dos mil personas desaparecidas, en su mayoría hombres de entre 18 y 29 años de edad, siendo Culiacán, Mazatlán y Navolato los municipios con más denuncias, se sigue careciendo de procedimientos de atención y acompañamiento integral para las familias de las víctimas.

En el tormentoso proceso que han tenido que vivir estas dos familias, la rememoración de ambos estudiantes ha sido parte de las dinámicas de reivindicación y dignidad frente a un contexto que fácilmente revictimiza y estigmatiza a los jóvenes sinaloenses durante esta crisis. El “en algo andaba” para atribuirles la culpa del crimen del que fueron víctimas, sin pruebas ni fundamentos, en búsqueda irracional de “víctimas culpables” y “víctimas inocentes”, y jamás sobre los culpables del crimen directo, que es un despojo de todo derecho humano.

Como esfuerzo de la sociedad civil por acompañar, se han organizado misas y rosarios religiosos, dinámicas de búsqueda y rastreo con colectivos, visitas constantes a la Fiscalía, y marchas pacíficas. En casa se crearon carteles con la ficha de desaparición, fecha y nombre, y el dibujo de un avión como símbolo para recordar que ellos eran estudiantes apasionados por la aviación. Actos simbólicos como el no usar los tenis nuevos que David le regaló como promesa de su reencuentro —promesa que se refuerza al estrenarlos el día del aniversario de su desaparición como muestra de que no parará de buscarlo—; o el no comer ceviche porque era el platillo favorito de Isaías, en promesa de volver a probarlo el día de su encuentro; son muestra de formas de memoria, reivindicación y dignidad.

Fotografía: Josselyne Sánchez

En contraste con la realidad cotidiana, por parte de instituciones federales en relación con la crisis de desaparecidos, en las “mañaneras del pueblo” se habla de una constante reducción en los promedios de víctimas y de un robustecimiento del RNPDNO (Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas). Empero, las búsquedas siguen siendo complejas e inaccesibles para los familiares, y la impunidad, un imperante.

Por otro lado, la CNDH rechaza el informe de Naciones Unidas (ONU), en el que el organismo internacional cataloga de urgente el caso de las desapariciones forzadas en México, acusando injerencia y fobias políticas. La postura de negar la crisis de inseguridad que azota a las juventudes de nuestro estado no hace más que agrandar la herida compartida y el desamparo en el que se encuentran los familiares de las víctimas.

Los sesgos y omisiones en el actuar de las instituciones mexicanas dejan una gran deuda a la sociedad civil que padece en la cotidianidad las diversas violencias y sus secuelas psicoemocionales y sociales, como si vivir la ausencia, la incertidumbre y la búsqueda no fuera lo suficientemente doloroso. “Entonces, ¿cuáles derechos humanos?”, pregunta la madre de uno de los jóvenes desaparecidos.

Fotografía: Josselyne Sánchez

El caso de David e Isaías es un ejemplo del continuum de violencia y crisis de desapariciones forzadas que azota a nuestro estado y que ha dejado dolorosas ausencias en miles de hogares sinaloenses. Sin apoyo ni respaldo institucional, entre la opacidad, la incertidumbre, la revictimización constante y la eterna duda: ¿Dónde están?

- Alianza publicitaria -
- Alianza publicitaria -

Últimas noticias