Se desgrana la mazorca de Morena y otros ya sueñan con la silla

La crisis que golpea a Morena en Sinaloa, tras acusaciones desde Estados Unidos contra figuras cercanas al poder, fracturó su narrativa de cohesión y abrió la disputa anticipada por 2027.

Culiacán

Colaboración especial: Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de Letra Roja.

En política, las crisis no avisan: irrumpen, desordenan y exhiben. Y en Sinaloa, a Morena se le aguadó el betún antes de tiempo.

Lo que en semanas recientes ha sacudido al estado, cual terremoto digno de la falla de San Andrés, no es menor.

Las acusaciones provenientes de autoridades de Estados Unidos contra figuras clave del entorno político sinaloense —desde el gobernador Rubén Rocha Moya hasta funcionarios de distintos niveles— entre los que se incluyen a Juan de Dios Gámez Mendívil, al senador Enrique Inzunza y los de seguridad, como el vicefiscal Dámaso Castro y el exsecretario Gerardo Mérida Sánchez, han generado un efecto dominó que no solo golpea la imagen institucional, sino que también compromete seriamente el posicionamiento rumbo a 2027.

En medio del vendaval, la salida —temporal— del mandatario estatal busca enviar un mensaje de apertura a las investigaciones. Sin embargo, el fondo del asunto sigue siendo incómodo: la ausencia de una solicitud formal de extradición con sustento probatorio suficiente mantiene el caso en una zona gris que, lejos de disipar dudas, las multiplica. La protección política desde el centro del país no pasa desapercibida.

Este escenario ha abierto, como era previsible, el apetito de quienes ven en la crisis una oportunidad. Los nombres empiezan a circular, los discursos se acomodan y las aspiraciones —antes contenidas— hoy se expresan sin recato. No es que haya surgido una nueva clase política, sino que el debilitamiento de una fuerza dominante, que parecía irrompible, ha reconfigurado el tablero.

En paralelo, el relevo institucional ha colocado en posiciones clave a perfiles que, hasta hace poco, transitaban lejos del reflector principal. Es el caso de Yeraldine Bonilla, que de la noche a la mañana se convirtió en la primera gobernadora de Sinaloa, pero ¿qué resultará de esto? Y, desde luego, la nueva alcaldesa Ana Miriam Villarreal.

La interinidad no solo representa un reto administrativo, sino también una prueba política: gobernar en medio de la incertidumbre, bajo la lupa pública y con legitimidad en construcción.

Pero más allá de nombres y coyunturas, lo que está en juego es algo más profundo: la narrativa de un proyecto político que había hecho de la cohesión y la superioridad moral su principal bandera. Hoy, esa narrativa enfrenta su momento más vulnerable.

Porque, si algo enseña la política —según la sabiduría popular— es que el tiempo no solo pone a cada quien en su lugar, también desnuda las inconsistencias.

Y mientras eso ocurre, los aspirantes afinan el discurso, los ciudadanos observan con escepticismo y el poder, como siempre, se reacomoda.

Al final, el canto del grillo no busca entretener. Es insistente, incómodo… y termina calando.

Berenice Rodríguez-Lugo
Berenice Rodríguez-Lugohttps://letrarojaportal.com/
Periodista de investigación, experta en cobertura de temas políticos y electorales. Ha colaborado con medios locales y nacionales. Actual reportera de la agenda local en Letra Roja.
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