Mandos militares asfixian a la tropa en Sinaloa con extorsiones y pactos de impunidad

Soldados denuncian que sus superiores desvían recursos para alimentación y les exigen cuotas ilegales para mantener las improvisadas instalaciones en dónde los alojan.

Culiacán

Culiacán, Sinaloa.- Vestir el uniforme militar en Sinaloa y en el resto del país se ha convertido en una condena de dos frentes para la tropa: por un lado, enfrentan el desgaste de patrullar las calles bajo el sol; por el otro, soportan los abusos, la extorsión y el abandono de sus propios comandantes.

Elementos del Ejército Mexicano denuncian que los altos mandos los tratan con más severidad y desprecio que a los mismos delincuentes a los que supuestamente deben combatir.

Los testimonios recabados de manera anónima, revelan un sistema de explotación interna que golpea las necesidades más básicas de los soldados. Los intendentes desvían de forma sistemática los presupuestos destinados a la alimentación, obligando al personal a consumir comida en estado precario. Los afectados aseguran que esta práctica ocurre con la complicidad de los comandantes de región, zona y batallones, quienes exigen sobornos a cambio de ignorar el saqueo.

El golpe a los bolsillos de la tropa no termina ahí. Los mandos inflan deliberadamente los precios en las tiendas de las bases militares. Al mismo tiempo, obligan a los elementos a entregar «cooperaciones voluntarias» para dar mantenimiento a las precarias instalaciones que les tienen, mientras los recursos oficiales que el gobierno destina para este fin desaparecen en las manos de la cúpula.

La frustración de los militares alcanza su punto más crítico al momento de salir a las calles. Los soldados acusan que los altos mandos reciben sobornos del crimen organizado y, a cambio, atan de manos a su propio personal. Los comandantes ordenan los patrullajes, pero prohíben estrictamente a la tropa perseguir a los delincuentes, incluso cuando los infractores cometen homicidios frente a sus ojos.

Si un soldado decide romper esta regla no escrita y persigue a un criminal, sus superiores actúan de inmediato en su contra, amenazándolo con enviarlo a la prisión militar bajo el cargo de «desobediencia».

Esta orden de pasividad obliga a los elementos a convertirse en simples espectadores de la violencia, acumulando una profunda impotencia. Tal como ha quedado constatado en diversos videos captados por ciudadanos, dónde han ocurrido crímenes a metros de los militares, y con personas armadas que pasan los retenes sin mayores contratiempos. 

Para agravar la situación, los soldados señalan que durante las revistas y supervisiones internas, los comandantes los hostigan, castigan y fiscalizan como si ellos fueran el verdadero enemigo a vencer, mientras se lavan las manos frente a la crisis de seguridad que azota al país.

Redacción Letra Roja
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