Ciudad de México.- Por más de dos años, su testimonio fue la piedra angular de una mentira oficial. Hoy, Fausto Ernesto Corrales Rodríguez se encuentra tras las rejas del Centro de Justicia Penal Federal del Altiplano, en Almoloya de Juárez, Estado de México. Considerado el último eslabón vivo de la traición que reconfiguró el mapa criminal en México, fue el chofer que condujo a Héctor Melesio Cuén Ojeda hacia su muerte, y el testigo presencial del secuestro del capo Ismael «El Mayo» Zambada.
Agentes de la Fiscalía General de la República (FGR) y elementos de la Interpol lo detuvieron a las 12:17 horas del pasado miércoles en el centro comercial Miyana, ubicado en la exclusiva colonia Granada de la Ciudad de México. Tras su captura, el juez de control Mario Elizondo Martínez le dictó prisión preventiva durante una audiencia inicial celebrada a puerta cerrada, bajo el argumento de que las diligencias implican un estricto asunto de «seguridad nacional».
A Corrales Rodríguez —quien ocupaba la Dirección de Sueldos y Salarios en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y es hijo del exrector y actual diputado local en el Congreso de Sinaloa Víctor Antonio Corrales Burgueño— el Ministerio Público Federal le imputa formalmente los delitos de encubrimiento y falsedad de declaraciones.
El montaje de la gasolinera que se derrumbó
La mañana del 25 de julio de 2024, Fausto Corrales fue el encargado de trasladar a su padrino político, Cuén Ojeda —quien no podía conducir tras una cirugía reciente— hacia la finca conocida como Huertos del Pedregal (o «Santa Julia»), en las afueras de Culiacán.
Su declaración inicial fue cobijada y difundida oficialmente por la entonces titular de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, Sara Bruna Quiñónez.En ella, Corrales juraba que el exrector de la UAS y diputado federal electo había sido atacado a balazos por dos jóvenes en motocicleta durante un presunto intento de asalto en una gasolinera de Pemex en La Presita.
Sin embargo, los peritajes científicos de la FGR despedazaron esa narrativa.Las autoridades hallaron manchas hemáticas de Cuén Ojeda al interior de la finca, demostrando que el ataque en la estación de servicio fue una escena fabricada y que el homicidio ocurrió en el mismo predio donde se citaron con integrantes del Cártel de Sinaloa.
Al respecto, la FGR fue tajante al señalar en un comunicado oficial el rol del hoy detenido:
«Incurrió en una serie de contradicciones en sus declaraciones y habría omitido proporcionar información verídica sobre lo sucedido, con la finalidad de desvirtuar la realidad y engañar a la autoridad, obstaculizando así el esclarecimiento de los hechos».
Para la autoridad federal, esta captura es el primer gran avance procesal que: «permitirá cumplir los fines del proceso penal, en el contexto de un caso complejo que ha trascendido a la soberanía y seguridad nacional del país».
La voz del capo que desmintió la coartada
Las sombras y dudas sobre el testimonio de Corrales Rodríguez no fueron expuestas inicialmente por los ministerios públicos, sino por el propio cofundador del Cártel de Sinaloa.En una explosiva carta difundida desde Estados Unidos en agosto de 2024, a través de su abogado Frank Pérez, «El Mayo» Zambada relató la emboscada orquestada por Joaquín Guzmán López.
Sobre el trágico destino final de Héctor Melesio Cuén Ojeda, el veterano narcotraficante desmintió de tajo la historia del asalto en su misiva:
«Fue asesinado al mismo tiempo y en el mismo lugar donde yo fui secuestrado».
A dos años del crimen que detonó una guerra intestina que suma miles de víctimas en Sinaloa, la reclusión de Fausto Corrales en el Altiplano representa el cierre del círculo sobre el entramado de mentiras que intentó ocultar lo que verdaderamente sucedió aquel 25 de julio en los Huertos del Pedregal.


