El costo de las gradas vacías en Dorados de Sinaloa 

La falta de partidos, conciertos y actividades masivas refleja cómo la situación de inseguridad ha tenido efectos que van más allá del ámbito deportivo, impactando también la vida social y económica de la ciudad.

Culiacán

Una investigación de: Alberto Sánchez y Said Cañedo 

Donde solía haber butacas repletas de aficionados, porras y gritos de gol, ahora solo quedan recuerdos y pérdidas económicas para los negocios de los alrededores. El estadio de fútbol de Dorados de Sinaloa ya no recibe jornadas de la Liga de Expansión; la violencia también ha impactado al deporte en la entidad. 

Los propietarios de algunos negocios ubicados alrededor del estadio aseguran que, desde que Dorados dejó de jugar en la ciudad, el movimiento en la zona del inmueble, ubicado en el sector Humaya, ha disminuido considerablemente, afectando la actividad económica y las ventas que se generaban durante cada encuentro. 

“Los sábados nuestro negocio estaba lleno; nos visitaban deportistas y directivos, y hoy hay menos flujo de gente”, expresó Carmen, propietaria de una marisquería de la zona. 

Pero no es la única afectada. Emmanuel, empleado de un restaurante de sushi, añora las propinas que solían dejar los aficionados antes de entrar o al salir del estadio.

“Cuando había partidos, esto se llenaba. Hoy hay poco flujo de gente y bajas ventas”, afirmó.

Los días de partido representaban una gran oportunidad para los negocios. Desde horas antes, los comerciantes se preparaban con más insumos y personal para atender la alta demanda. Era común ver filas y una intensa actividad, ya que la cantidad de personas aumentaba considerablemente durante las jornadas deportivas.

Además, coinciden en que la realización de eventos en el estadio ayudaría a reactivar la actividad económica del sector. Consideran que la llegada de torneos, encuentros deportivos o conciertos atraería nuevamente a visitantes y consumidores, generando mayores oportunidades para los negocios establecidos en los alrededores.

“Es un estadio muy bonito y amplio; no debemos abandonarlo. Puede haber partidos o conciertos sin problema”, expresó Emmanuel.

Hoy, el estadio permanece en silencio la mayor parte del tiempo. Sin embargo, para los comerciantes de los alrededores, la esperanza sigue puesta en que algún día regresen los eventos deportivos capaces de llenar las gradas y, al mismo tiempo, devolver el movimiento que durante años dio vida a la zona.

Sobre las razones detrás de la salida del club, el periodista deportivo Jesús Rodríguez señaló que la decisión estuvo relacionada con el contexto de violencia que atraviesa la ciudad y que esta determinación correspondió a la liga.

“La Federación Mexicana de Futbol, a través de la Liga de Expansión, optó por ya no traer equipos a la ciudad por el tema de la inseguridad”, señaló.

Además, el también presidente del Salón de la Fama de Culiacán explicó que, de manera paralela a la salida de Dorados, también desapareció el equipo de Tercera División, lo que interrumpió el proceso de formación de muchos jóvenes futbolistas y apagó sus esperanzas de debutar algún día en el primer equipo.

Rodríguez también señaló que un posible regreso del fútbol profesional dependerá de un acuerdo entre la liga, el club y el Gobierno del Estado; sin embargo, hasta el momento no se ha concretado ninguno ni existen señales de que pueda ocurrir en los próximos meses.

Los ataques y enfrentamientos iniciaron el 9 de septiembre de 2024. El conflicto comenzó tras la fractura del Cártel de Sinaloa, luego de la entrega de Ismael “El Mayo” Zambada a Estados Unidos, y se ha mantenido hasta la fecha.

Más allá de la ausencia de Dorados de Sinaloa, la violencia también ha impactado la realización de otros eventos masivos en la ciudad. La reducción de actividades deportivas y de entretenimiento ha provocado que el estadio permanezca con poca actividad durante gran parte del año, afectando no solo a los aficionados, sino también a los comercios que dependían de la afluencia de visitantes.

El inmueble cuenta con capacidad para poco más de 20 mil espectadores y, durante la temporada de fútbol, recibía entre tres y cuatro partidos por mes. Cada encuentro reunía a cientos o miles de aficionados, lo que generaba una importante derrama económica para restaurantes, tiendas y negocios ubicados en los alrededores.

Además del fútbol, el estadio también era considerado un espacio apto para la realización de conciertos y otros espectáculos. Sin embargo, la disminución de este tipo de eventos ha reducido las oportunidades de convivencia y entretenimiento para la población, así como la derrama económica que generaban en el sector.

La falta de partidos, conciertos y actividades masivas refleja cómo la situación de inseguridad ha tenido efectos que van más allá del ámbito deportivo, impactando también la vida social y económica de la ciudad.

Para Arturo Madrigal, integrante de una de las porras oficiales de Dorados de Sinaloa, La 667, la ausencia del fútbol también modificó dinámicas personales y sociales que durante años formaron parte de su rutina.

“Sí nos pegó bastante y cambió mucho la rutina. Me pesa que ya no haya equipo y no se siente igual apoyarlo desde otra ciudad”, aseguró.

El gusto por el fútbol y el deporte sigue presente entre los integrantes de la porra. Incluso hoy continúan reuniéndose para apoyar a equipos locales, manteniendo viva la pasión y la esperanza de que el equipo pueda regresar algún día.

Esa misma esperanza también permanece entre los comerciantes que durante años encontraron en cada partido una oportunidad para impulsar sus ventas. Aunque el estadio sigue ahí, la actividad que alguna vez llenó de vida sus alrededores parece cada vez más lejana.

Donde antes había filas de clientes, ruido y movimiento en los días de juego, hoy predominan la incertidumbre y la espera. Para quienes dependen de la actividad que genera el deporte, el regreso del fútbol no significa únicamente volver a ver un balón rodar sobre la cancha, sino recuperar una parte de la dinámica económica y social que durante años dio vida a la zona.

Este trabajo fue realizado por alumnos de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Occidente, como parte de la asignatura Periodismo de Investigación. 

Redacción Letra Roja
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