¿Por qué la Corte Penal Internacional es lenta… y por qué eso importa? Una de las críticas más comunes tras la captura de Nicolás Maduro fue inmediata y contundente: “Si la Corte Penal Internacional hubiera actuado antes, esto no habría ocurrido”.
La frase parece lógica, pero es peligrosa, porque parte de una premisa equivocada: que la lentitud de la justicia internacional es un defecto, cuando en realidad es una de sus últimas garantías.
Cuando la ley desaparece, solo manda quien tiene más poder
El derecho penal internacional existe para evitar exactamente eso:
que la fuerza sustituya a la ley. La Corte Penal Internacional (CPI) no fue creada para actuar rápido, sino para actuar correctamente, incluso cuando el acusado concentra poder político, militar y económico.
En un mundo donde las potencias pueden imponer su voluntad, la CPI representa una idea incómoda pero necesaria: nadie puede ser castigado fuera de la ley, ni siquiera el culpable.
La CPI no investiga personas, investiga sistemas
A diferencia de los tribunales nacionales, la CPI no persigue hechos aislados. Persigue patrones de violaciones graves a los derechos humanos: detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales.
Eso exige probar algo más complejo que un delito común:
- Que existió una política de Estado,
- que hubo control jerárquico,
- que el responsable sabía y permitió.
Por eso la CPI es lenta. Porque no se conforma con lo evidente: necesita lo demostrable.
Venezuela: víctimas reales, justicia pendiente
Nadie serio puede negar las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Venezuela. Organismos internacionales han documentado: torturas en centros de detención, persecución política, uso del sistema penal como mecanismo de control y represión sostenida contra la disidencia.
Las víctimas venezolanas no necesitan gestos espectaculares, necesitan justicia válida. Una justicia que no dependa del poder militar de otro Estado, sino de reglas que puedan sostenerse en el tiempo.
Cuando la respuesta a violaciones de derechos humanos es la fuerza externa, el mensaje para las víctimas es ambiguo: se castiga al responsable, sí… pero se debilita el sistema que debía protegerlas.
El error de sustituir justicia por poder
Cuando los tribunales internacionales tardan, los Estados poderosos sienten la tentación del atajo: actuar solos, imponer castigo, “resolver” el problema.
Ese atajo tiene un costo altísimo: normaliza que la ley sea opcional cuando estorba. Y aquí es donde el tema deja de ser Venezuela y empieza a tocarnos de frente.
México: la advertencia que no debemos ignorar
México también vive una crisis de derechos humanos: desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, impunidad estructural y un sistema de justicia que muchas veces no llega.
Hoy exigimos respeto a la soberanía y al derecho internacional. Pero mañana, si aceptamos que la fuerza sustituya a la ley, ¿con qué argumento podremos defendernos cuando otro Estado decida intervenir “por razones de justicia”?
El derecho internacional no se defiende por simpatía ideológica,
se defiende por conveniencia jurídica y supervivencia institucional.
Por eso importa que la CPI sea lenta
La CPI no es perfecta.Pero su lentitud protege algo esencial: Que la justicia no sea venganza. Que la culpabilidad se pruebe, no se presuma. Que el poder tenga límites, incluso cuando se ejerce “por una buena causa”.
Cuando la ley desaparece, solo manda quien tiene más poder.
Y en ese escenario, nadie está realmente a salvo.
Conclusión
Las violaciones a los derechos humanos en Venezuela son reales y graves. Las víctimas merecen justicia, no discursos ni operaciones espectaculares. Pero cuando se rompe el marco legal internacional para castigar a un responsable, el daño no se queda en un país: se extiende como precedente.
Hoy fue Venezuela. Mañana podría ser cualquier otro Estado con instituciones débiles. Por eso la lentitud de la Corte Penal Internacional sí importa. Porque es uno de los últimos espacios donde la ley todavía intenta imponerse al poder.
Y cuando ese espacio se pierde, la justicia deja de existir y solo queda la fuerza.


