El PRI Sinaloa y su nuevo delegado con el ‘overol puesto’

En el PRI Sinaloa presentaron a Roberto Padilla Márquez como nuevo delegado del CEN. Jorge Meade y el dirigente estatal arremetieron contra Rocha Moya y Morena, denunciando un Sinaloa “secuestrado” por la violencia y la omisión. Confirmaron que buscan alianza con PAN y MC para 2027.

Culiacán

Tuve la oportunidad este jueves de acudir a la conferencia matutina en el PRI Estatal. Llegué cuando ya estaban acomodados los personajes del presídium, y me llamó la atención ver caras nuevas, particularmente la de un hombre que al final de la conferencia me estrecharía la mano y me diría: «Mucho gusto, mi nombre es Roberto Padilla Márquez, me enviaron como nuevo delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, estoy a la orden.»

Pero no me adelanto.

El recinto tenía ese aire particular de los eventos priistas: protocolar, con la bandera del tricolor bien plantada y los saludos de rigor entre compañeros que llevan tiempo saludándose.

César Emiliano Gerardo Lugo, presidente del PRI en Sinaloa, abrió la conferencia con evidente entusiasmo. Y es que había motivo: el Comité Ejecutivo Nacional había mandado visita de peso. Jorge Meade, secretario de organización, y Alejandra Andrade, secretaria de operación política, habían viajado hasta Culiacán. La sorpresa que anunció Gerardo Lugo con cara de niño en Navidad era la toma de protesta de ese hombre desconocido para mí hasta ese momento: Roberto Padilla Márquez, quien a partir de ese jueves 14 de mayo fungirá como delegado general del CEN del PRI en Sinaloa.

La toma de protesta fue solemne y breve. Alejandra Andrade le tomó la protesta de rigor —principios, estatutos, patriotismo, honradez, todo el catálogo— y Padilla respondió con convicción: «Por Sinaloa, sí protesto.» Enhorabuena, dijeron. Que sea por el bien de Sinaloa, remató él. Aplausos. Foto. Siguiente.

Entonces llegó el turno de Jorge Meade al micrófono, y la conferencia adquirió otro tono. El secretario de organización no vino a Culiacán a intercambiar cortesías. Vino a cargar el rifle.

Describió a un Sinaloa secuestrado, a familias que viven con miedo, a comercios que bajan cortinas, a jóvenes sin certeza y a adultos mayores que ven cómo se les escapa la tranquilidad de toda una vida. Y el gobierno, dijo, guarda silencio. Días enteros. Peor aún: actúa con omisión deliberada porque, según su lectura, a Morena no le conviene resolver lo que ellos mismos, de alguna u otra forma, contribuyeron a generar.

El nombre de Rocha Moya apareció pronto. Meade fue directo: el problema tiene nombre, el problema tiene que entregarse. Dijo que detrás de Rocha está López Obrador, que el gobernador con licencia es parte de un engranaje de complicidades que el gobierno federal no quiere desmontar porque hacerlo implicaría comprometer a los propios. «Están tapando todo esto», sentenció. «Sinaloa está secuestrado.»

Fuerte. Muy fuerte para una rueda de prensa de jueves en la mañana.

Luego vino Roberto Padilla, flamante delegado, con el overol puesto —como él mismo dijo— y con un discurso que combinó humildad con belicosidad. Habló de recorrer los 20 municipios, de abrir canales para que los sinaloenses se inscriban en el movimiento opositor, de que rescatar a Sinaloa de las garras de Morena no es tarea solo del PRI sino de toda la sociedad. Pidió al Comité Estatal abrir una página, canales de comunicación, armar ese ejército del que tanto hablan.

«Ya basta», repitió varias veces. Lo decía con la cadencia de quien sabe que la frase tiene eco.

Las preguntas de los compañeros reporteros fueron afiladas. Se habló de las encuestas presentadas por la presidenta Sheinbaum que colocan a Morena con 41% de favoritismo para la gubernatura. César Emiliano respondió con una estrategia de medición alternativa: revisó los comentarios de una nota periodística en redes sociales. Según él, de más de 400 comentarios, el 99% calificó la encuesta de falsa. De 1,900 reacciones, 1,727 eran risas. «Esa es la verdadera encuesta», dijo.

Meade, más cauteloso con la narrativa pero igualmente contundente, habló del «humor social» como el termómetro más confiable. Señaló que muchas encuestadoras tienen contratos con el gobierno federal. Dijo que particularmente una de ellas le da a la presidenta 52% de aprobación y que eso tampoco cuadra con lo que se vive en las calles.

Sobre la gobernadora interina, Yeraldine Bonilla, el presidente del PRI en Sinaloa usó una sola palabra para resumir su incipiente gestión: gris. Completamente gris.

Luego vino la pregunta incómoda que nadie en el presídium quería responder del todo, la que planteó Enrique Santoyo de Primera Plana: ¿Cómo le van a pedir confianza a una ciudadanía que todavía recuerda los excesos del PRI cuando gobernaba con poder absoluto? ¿No es el PRI, en cierta medida, pidiéndole al electorado que olvide?

Jorge Meade respondió largo. Reconoció errores, pero también defendió el legado con orgullo. Habló del sistema electoral de competencia que el propio PRI construyó cuando era mayoría, de gobernadores priistas que sí fueron a la cárcel cuando se lo merecían, del sistema de salud que existía, de las carreteras, de los programas sociales que el tricolor impulsó antes de que Morena se los apropiara como bandera electoral.

«Estoy muy orgulloso de ser priista», dijo. Y no pareció actuado.

Yo tenía dos preguntas que me parecían más concretas que retóricas. Se habla mucho de coalición, de alianza, de «grandes ejércitos». Pero en política, los tiempos lo son todo, y nadie estaba siendo preciso al respecto.

Le pregunté, directo: si ya tienen bien delimitados los tiempos para concretar una alianza a nivel estatal. Y también que me explicaran el tema de los buenos cuadros, porque llevaban un buen rato mencionándolos. «Conocemos a uno que siempre ha querido, pero nunca ha ganado», dije, pensando en voz alta lo que varios en el recinto seguramente también pensaban.

Meade respondió con política pura: la ley rige los tiempos, el proceso electoral empieza en septiembre, y adelantarse es el juego de Morena, no del PRI. Dijo que los cuadros saldrán cuando corresponda, que hoy hacen campaña para el partido, no personal.

Insistí: ¿Y la alianza, para cuándo?

Fue César Emiliano quien respondió con más precisión: julio o agosto. Eso estimó. Ya hay pláticas con el PAN, Movimiento Ciudadano —con Sergio Torres primero, ahora con Pío Esquer—, con el PAS a través de Robespierre. No se ha sentado aún la mesa formal de negociación, pero el camino está trazado.

También dejó claro que el PRI se está preparando para ir solo si no hay acuerdo, pero que de hecho preferiría ir en coalición, no por debilidad sino porque así, dijo, todos ganan contra Morena.

Luego me animé con una segunda pregunta, sobre algo que habían mencionado varias veces: los siervos de la nación que supuestamente siguen amenazando a beneficiarios de programas sociales con quitarles las becas y despensas si votan o simpatizan con partidos distintos a Morena. Pregunté si han hecho alguna denuncia formal, que quede registro, más allá del señalamiento mediático.

Gerardo Lugo respondió con entusiasmo. Dijo que tienen al mejor abogado electoral de Sinaloa documentando todo. Que están construyendo el expediente. Y fue más lejos: recordó que el «plan B» de la presidenta incluía colocar su figura en la boleta de 2027 precisamente para reforzar esa mecánica de condicionamiento. Ese plan, dijo, fue echado abajo gracias a la oposición.

Por su parte, Meade cerró con un dato que me pareció uno de los más sólidos de toda la mañana: en tiempos del PRI, las reglas de operación de los programas sociales se aprobaban en la Cámara, se publicaban en el Diario Oficial, los padrones eran públicos y el Coneval los auditaba. Hoy no hay Coneval, los padrones están encriptados y hay cinco millones de «jóvenes» de entre 25 y 35 años recibiendo becas sin que nadie sepa exactamente quiénes son. «Es dinero de los mexicanos, no de Morena», remató.

Así terminó la conferencia. Apretones de mano, la foto institucional, el nuevo delegado estrechándome la mano con esa cordialidad de político experimentado que te hace sentir, por un momento, que eres tú la persona más importante en la sala.

Me fui con la sensación de haber presenciado una organización que trabaja, que tiene discurso, que tiene estructura y que tiene —según ellos— ejército. Lo que no tiene todavía, al menos no en público, son los generales. Esos cuadros que mencionan con tanto orgullo y que, de momento, siguen siendo una promesa con nombre pendiente.

Julio o agosto, dijeron.

Habrá que esperar.

Kevin Chicuate
Kevin Chicuatehttps://letrarojaportal.com/
Fundador y director de Letra Roja. Con experiencia en la cobertura de temas de política, seguridad y denuncia ciudadana.
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