Sinaloa se posicionó como el estado con más feminicidios a nivel nacional en 2025, año en que se asesinaron a 105 mujeres en la entidad. La mayoría ocurrieron en el municipio de Culiacán, con 64 casos. Tras estas alarmantes cifras, todo indica que este 2026 será el año con más feminicidios en la historia reciente.
De acuerdo con la información emitida por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa (FGE), durante el primer tercio de este año, se reportaron 33 casos de mujeres víctimas de homicidio doloso y feminicidio. 28 de ellos ocurridos en la capital, posicionando así a Culiacán como el municipio con el más alto índice de violencia contra las mujeres en todo el país.
Estas inquietantes cifras no son sólo números, se trata de casos de violencia extrema en la que mujeres fueron victimadas, la mayoría en completa impunidad en el contexto actual de violencia armada en Sinaloa. Cada caso es un retrato de lo atroz.

Ejemplo de ello, es el cuádruple feminicidio ocurrido el pasado 27 de abril en el centro de Culiacán. Un sujeto armado se acercó a dos mujeres sentadas en una banqueta frente a una veterinaria y cruelmente les disparó, acabando con sus vidas inmediatamente. Acto seguido, dispara dentro de una camioneta estacionada, asesinando a otras dos mujeres, madre e hija. Sus nombres: Karely, de 41 años, Itzel, de 22 años, Sara, de 30 años y Teresa, de 35 años. A plena tarde y con tranquilidad, el asesino se retiró caminando, sabiéndose impune.

Por más indignante que sea, este, así como los cientos de casos que se acumulan día con día, quedará como otra carpeta de investigación más para las autoridades.
Un contraste atroz sobre la indiferencia gubernamental es, por ejemplo, dos días después del cuádruple feminicidio, el pasado 29 de abril, se hizo pública la noticia de la acusación penal por parte del gobierno de Estados Unidos en contra del gobernador de Sinaloa, Rocha Moya. Noticia que llevó a políticos e instituciones, tanto locales como de todo el país simpatizantes del oficialismo, a pronunciar su indignación contra la acusación y apoyo al gobernador. Hasta la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Sinaloa (CEDH) emitió un polémico posicionamiento público en respaldo del gobernador.

A la población sólo nos queda ver a nuestros gobernantes, acusados de actos criminales, defendiéndose entre ellos y guardando silencio frente a las atrocidades. No se pronuncian por la crisis de feminicidios, homicidios dolosos, desaparición forzada, infanticidios, ni por la pobreza, el rezago educativo, la salud pública, el medio ambiente, las nuevas generaciones. Ninguno de los problemas sociales que atraviesan el andar cotidiano de las y los sinaloenses parecen ser prioridad.
Derivado del contexto de crisis de gobernanza en Sinaloa, Rocha Moya solicitó licencia para retirarse de su cargo el pasado 1 de mayo, dejando a Yeraldine Bonilla Valverde como la primera gobernadora en la historia del estado. Siendo ella simpatizante del oficialismo su discurso ha sido el mismo: el de la eterna propaganda, la minimización de la violencia y apropiándose de la retórica feminista llamándose “aliada” de las mujeres.
La gobernadora interina asegura que “las mujeres deben sentirse seguras que hay alguien que las representa”, ¿Seguras en qué sentido? Si, a tan sólo diez días de comenzar funciones, han asesinado a más de 35 personas, entre ellas dos feminicidios en todo el estado.

Más allá de discutir sobre si es una mujer la que gobierna, sería más importante ver avances en materia de género y de seguridad, porque en Culiacán la violencia sigue afectando en el transitar cotidiano de sus habitantes. Las cifras de feminicidios, homicidios y desapariciones forzadas siguen siendo alarmantes.
Se necesita que todas las instituciones del estado mexicano atiendan la crisis de inseguridad y de violencia de género en Sinaloa, que se ejerzan políticas de justicia y cero impunidad, de prevención, reparación y no repetición. Porque la estrategia de militarizar la vida pública en Culiacán no ha sido eficiente para erradicar el problema.
Al contrario, aún con presencia militar en cada esquina y con gobernantes mujeres, no se ha podido evitar que la ciudad se haya convertido en la capital del feminicidio. Mientras el oficialismo insiste efusivamente que «es tiempo de mujeres», la realidad es que no: no llegamos todas.


