Hace unos días se llevó a cabo el Super Bowl LX en el Levi’s Stadium, muy cerca de San Francisco. Para quienes somos fans de la NFL, fue uno de los juegos más esperados, marcado por la venganza de los Seattle Seahawks contra los New England Patriots.
Sin embargo, esta vez no solo la afición quedó impactada por el devastador marcador; también hubo momentos que rompieron la barrera del idioma, y esos llegaron de la mano de Green Day y Bad Bunny.
Recordemos el domingo 8 de febrero. Al inicio del evento, la banda estadounidense de punk, conformada por Billie Joe Armstrong, Tré Cool y Mike Dirnt, hizo quizá el acto más “antigringo” en la tierra del chicken nugget.
Interpretaron tres rolas emblemáticas de los dosmiles, entre ellas “American Idiot”, esa canción que en su momento criticó abiertamente al gobierno de George W. Bush, y “Holiday”, otro himno antiguerra y anticapitalista lanzado tras la invasión a Irak en 2004.
Con esa actuación, Green Day no solo dejó un precedente de lo que se venía, sino que montó una protesta disfrazada de concierto, justo antes de que se entonara “Oh, say can you see by the dawn’s early light”, es decir, el himno nacional de Estados Unidos.
Si eso ya había dejado la vara muy alta para quienes disfrutamos la música de protesta —incluido el detalle del dije de la Virgen de Guadalupe que llevaba el vocalista—, Bad Bunny llegó al show de medio tiempo solo para confirmar que la música es, efectivamente, el lenguaje universal: ese que todos entendemos.
Y lo digo desde un lugar honesto: no soy seguidora de Benito, no consumo su música, pero fue imposible no prestar atención a la carga simbólica de su presentación. Sin miedo a la censura, en un país con un gobierno conservador, el mensaje quedó claro.
Durante su show, incluso quienes hablamos español —y aun así no entendemos ni una palabra de lo que canta— comprendimos el fondo: el respeto a los países y costumbres latinas, la lucha de la clase trabajadora y de los países productores, la familia y la defensa de la cultura latinoamericana.
Por si fuera poco, la aparición de Ricky Martin y Lady Gaga cantando salsa —a como pudo— fue la cereza del pastel. El show, insisto, se realizó en un lenguaje universal. Todos lo entendimos. Muy seguramente uno que otro nacido en el país del In-N-Out hasta aprendió un poco de geografía y de la división política del continente americano.
¿Benito cantó bien? La respuesta es: absolutamente no. Pero tomó el escenario para dar un mensaje y, seamos realistas, no lo podemos comparar con Michael Jackson. No son la misma persona ni el contexto social y político es el mismo. Y eso es lo que siempre ha marcado la pauta de la música.
A mi ver, este Super Bowl será inolvidable, tanto para quienes somos aficionados de los Pats, sin importar que Bad Bunny recorriera más territorio contrario que la ofensiva de Nueva Inglaterra.
Green Day demostró que sigue siendo punk, de ese que incomoda al gobierno; Lady Gaga nos dio baile y ensambles musicales fuera de lo que estamos acostumbrados a ver en ella; y Bad Bunny mostró que, más allá de las palabras, la música también sirve para lanzar mensajes.
Por cierto, ¿y de Kid Rock qué diremos? Pues tampoco mucho.
La verdad es que fue innecesario montar un show alternativo solo por ser estadounidense, aunque —dato no menor— Bad Bunny también lo es. Pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar a quienes no entienden nada?


