Milán, Cortina. – La participación de una división del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos en las operaciones de seguridad de los Juegos Olímpicos de Invierno, previstos del 6 al 22 de febrero en Milán-Cortina, abrió un intenso debate político en Italia, marcado por críticas públicas de autoridades locales y eurodiputados.
Un portavoz confirmó a la AFP que agentes del ICE estarán presentes para apoyar tareas de seguridad durante la cita olímpica. La agencia precisó que su servicio de seguridad interna (HSI) colaborará con el Servicio de Seguridad Diplomática (DSS) del Departamento de Estado estadounidense y con el país anfitrión para enfrentar amenazas de carácter criminal.
Según el comunicado oficial, “En los Juegos Olímpicos, el servicio de seguridad interna [HSI] del ICE estará prestando apoyo al Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de Estados Unidos y al país anfitrión para examinar y mitigar los riesgos que plantean las organizaciones delictivas transnacionales”.
La institución añadió que “Todas las operaciones de seguridad siguen bajo la autoridad italiana” y aclaró que “obviamente, el ICE no lleva a cabo operaciones de control migratorio en países extranjeros”, deslindándose además de la actual campaña antiinmigración en Estados Unidos.
Pese a esas aclaraciones, la reacción política en Italia fue inmediata. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, afirmó en una entrevista radiofónica que los agentes del ICE “no son bienvenidos” en la ciudad. Más tarde endureció su postura al declarar:
“Esta es una milicia que mata. Está claro que no son bienvenidos a Milán, no hay duda de ello. Simplemente, ¿podemos decir no a Trump por una vez?”.
Las críticas también alcanzaron el ámbito europeo. Alessandro Zan, miembro del Parlamento Europeo por el Partido Democrático de centroizquierda, calificó el anuncio como “inaceptable” y sostuvo en la red social X: “En Italia no queremos a quienes pisotean los derechos humanos y actúan al margen de cualquier control democrático”.
La presencia del ICE ocurre en un contexto de indignación en Italia tras la muerte de dos civiles estadounidenses en operaciones contra inmigrantes en Mineápolis, un antecedente que ha intensificado el rechazo y colocado la seguridad olímpica en el centro del debate público.


