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sábado, febrero 14, 2026

“Hagamos a México emo otra vez”: My Chemical Romance y la nostalgia que une generaciones

El regreso de My Chemical Romance a la Ciudad de México no solo despertó la nostalgia de los treintones, también evidenció cómo una banda que marcó a los emos de los dosmiles hoy vuelve a reunir generaciones en torno a la música, la identidad y una forma distinta.

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La noche del viernes 13 de febrero, My Chemical Romance se presentó en el Estadio GNP de la Ciudad de México como parte de su gira The Black Parade, convirtiendo el concierto en uno de los eventos más nostálgicos para los treintones del país. Y es que hay que recordarlo: por allá de los dosmiles, cuando la banda se volvió icónica, marcó a toda una generación con su metal rock cargado de drama, delineador y catarsis emocional.

Si regresamos a esos años —entre 2002 y 2007—, fueron tiempos dorados para las tribus urbanas y su rígida división social. Los emos, por ejemplo, eran quizá los menos queridos. Aun así, siempre que pasabas junto a un grupito de plebes copetudos había tres bandas sonando seguro, y entre ellas estaba esta banda que volvió a adueñarse de la noche en la CDMX.

Durante el concierto, Gerard Way interpretó rolas como Welcome to the Black Parade, una de las favoritas de quienes somos fans de My Chemical Romance. De hecho, esa canción fue la que inundó las redes sociales de mis contactos que tuvieron la suerte de verlo en vivo, cumpliendo el sueño de todo morrillo nacido en los noventa.

Lo curioso —y quizá lo más interesante— es que hoy existen nuevas generaciones que también han sido marcadas por la banda y por una estética que en los dosmiles no era bien vista. Una moda que ahora se mira con nostalgia, aunque quienes la vivimos ya no podamos llevar ese corte de cabello ni esa vestimenta habitual. La vida adulta exige otros códigos, otros horarios y, tristemente, menos delineador.

En medio de la crisis de inseguridad y del clima político que atraviesa México, no está nada mal que las nuevas generaciones vayan a escuchar bandas como esta. Y antes de que alguien se ofenda, no, no es una cruzada moral contra quienes le cantan a ciertos personajes —esa conversación vendrá después—. Pero sí es necesario decirlo: hace falta música que no idolatre a quienes destruyen el tejido social. Música que, desde un género tachado de oscuro por quienes ya cobran pensión, hable de amor, comunidad y resistencia. Porque a veces un riff, una letra honesta y un coro gritable hacen más por la cabeza de un joven que mil discursos bien peinados.

Una de las cosas que pude notar, incluso a la distancia, fue que muchos asistentes se caracterizaron, otros fueron tal cual son, y no hubo diferencia entre ninguno. Y eso, aunque suene cursi, también ayuda a reconstruir el tejido social.

Para cerrar esta columna escrita por una morra que sabe mucho y no sabe nada, la buena música no hace distinciones. Ayuda a construir un tejido social más sano y resiliente. Quién diría que aquellos emos retirados que alguna vez se agarraron en el Monumento a la Independencia, o se reunían en el Forum Culiacán o La Cátedra, hoy serían ejemplo de una unión que regresa con la banda que inspiró a PXNDX a construir toda una discografía.

Pero, ¿quiénes somos nosotros —los que ahora sí estamos deprimidos— para juzgar a quienes todavía no saben nada?

¿No sería bueno volver a hacer a México emo otra vez?

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