Estados Unidos condiciona cualquier acuerdo económico con Cuba a la salida del presidente Miguel Díaz-Canel del poder. Pero no exige por ahora el desmantelamiento del sistema comunista ni medidas directas contra la familia Castro, reveló The New York Times.
Las negociaciones secretas se desarrollan directamente con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, mientras la isla atraviesa su peor crisis energética en décadas.
El Secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvo conversaciones confidenciales con Rodríguez Castro, conocido como ‘El Cangrejo’, quien actúa como interlocutor del régimen. Washington busca reemplazar a Díaz-Canel sin desmantelar la estructura del sistema. El poder real permanece en manos de la familia Castro.
Díaz-Canel confirmó el 13 de marzo de 2026 que Cuba sostiene conversaciones con Estados Unidos. Admitió que hace más de tres meses no entra combustible a la isla. La crisis energética se agravó tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026, que cortó el suministro de más de 26,000 barriles diarios de petróleo venezolano a Cuba.
La presión estadounidense se intensificó cuando el presidente Donald Trump firmó la Orden Ejecutiva 14380 el 29 de enero de 2026, declarando a Cuba «amenaza excepcional» para la seguridad nacional. Amenazó con aranceles a países que suministren petróleo a la isla. El bloqueo petrolero dejó a Cuba sin aproximadamente 30,000 barriles diarios, que cubrían el 40% de sus necesidades energéticas.
Como gesto de buena voluntad, Cuba anunció el 13 de marzo la liberación de 51 presos políticos tras un acuerdo mediado por El Vaticano. La medida se interpreta como señal de disposición al diálogo.
La economía cubana ha caído 11% desde 2019. La crisis energética actual es el golpe más severo al sistema desde el colapso soviético. Díaz-Canel asumió la presidencia en 2018 sin elecciones libres tras ser designado por el régimen. Ahora enfrenta su posible salida negociada con Washington.
El enfoque estadounidense marca un giro: buscar un cambio cosmético de liderazgo sin confrontar directamente a los Castro, quienes mantienen el control real del aparato de poder desde 1959.
Raúl Castro y su familia, particularmente su nieto, permanecen como los verdaderos interlocutores en las negociaciones que podrían redefinir la relación bilateral sin alterar el sistema político de la isla.


